Somnegra, un referente en novela negra, habla de “Cuatro letras”

Cuatro Letras de Esther Chinarro. Editorial Universo de Letras por Germán González

Para los amantes de las novelas de misterio clásicas no hay mejor escenario para un crimen que una biblioteca. Será por la liturgia del escenario, con su escalera de caracol, sus estanterías llenas de libros o su suelo de madera. O tal vez por la complicidad en el guiño de hacer aparecer un cadáver en el lugar donde duermen ejemplares como el que leemos. Lo que está claro es que todas las bibliotecas con muertes tienen su encanto, ya sea una en una casa victoriana perdida en la campiña inglesa, entonces habría que poner en la decoración un mueble bar con botellas de vino dulce, o bien una pública abarrotada de estudiantes como son las universitarias.

Es precisamente una biblioteca de estas características la que juega un papel fundamental en la nueva novela de Esther Chinarro (Madrid 1972). Se trata de un libro ameno, con pocas páginas, ágil y bien resuelto, principalmente gracias al conocimiento que tiene la autora de la naturaleza humana y su forma de interactuar con los demás. La actualidad que rebosa la obra, en el que se pueden encontrar problemáticas que afectan hoy en día a la sociedad, junto con su capacidad de recomponer como un puzzle todas las pistas que van saliendo a lo largo de su historia, permite que el lector disfrute un rato entretenido y demuestra, de nuevo, que no hace falta escribir novelas de misterio con miles de páginas y crímenes rocambolescos para garantizar una buena lectura.

En su anterior novela, ‘Lección mortal’, Esther Chinarro nos presentaba con una sencillez incontestable una sólida historia de crimen y misterio. Era su primera incursión en este género y ya reseñamos aquí que su éxito radicaba simplemente en su originalidad y singularidad. Su segundo libro demuestra que Chinarro ha perfeccionado su método de escribir novela negra. Lejos de una trama más pretenciosa que la primera, en la que se buscaba a uno de los asesinos en serie más prolíficos de la historia criminal española, la autora narra simplemente una investigación centrada en una muerte en una universidad, con un trasfondo relacionado con tráfico de estupefacientes. Y lo hace a partir de una novela coral en la que ofrece una enorme variedad de puntos de vista de la acción a partir de varios personajes sin que se resienta en el ritmo o la evolución de la historia.

Sin duda el gran acierto de la nueva novela negra de esta autora está en la definición de unos personajes que mantienen el máximo suspense a lo largo de la historia, son capaces de sorprender en algunos momentos (sigue con su particularidad de mostrar algunos que no son lo que parecen) y aguantan una historia que queda resuelta bastante pronto. Pese a que a veces peca de describir demasiado los antecedentes vitales de algunos de los protagonistas o hacerlos caer en algunos estereotipos (como el jefe policial desencantado o el agente que ve peligrar ser la mano derecha de su superior por una nueva compañera), la autora demuestra su buen conocimiento de la psicología humana para hacer empatizar al lector con sus personajes y ser capaz de hacerlos evolucionar con todas sus sensaciones.

En la narración de Chinarro se nota su pasión por la literatura además de saber explotar su amplio dominio de la actualidad gracias a su profesión de periodista. De esta forma, la historia gana en muchos matices de autenticidad sin perder en ningún momento su carácter de ficción. Cuatro letras es la segunda novela policíaca tras Lección mortal que se autoeditó en Amazon en 2014. Además, publicó en 2016 la colección de relatos titulada Nombres de Mujer y prepara otro bajo el nombre de Siluetas.

http://somnegra.com/blog/cuatro-letras-esther-chinarro/

 

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“Cuatro letras”, disponible en las plataformas digitales más relevantes

portada 4letrasPresentes y presunt@s lector@s,

Tengo el placer de anunciaros que mi última novela negra, “Cuatro letras”, ya está disponible en las librerías digitales más visitadas.

AMAZON

https://www.amazon.es/Cuatro-letras-Esther-Chinarro/dp/8417139265

CASA DEL LIBRO

https://www.casadellibro.com/ebook-cuatro-letras-ebook/9788417037789/5924604

GOOGLE BOOKS

https://books.google.es/books/about/Cuatro_letras.html?id=QwBBDwAAQBAJ&redir_esc=y

iTUNES

https://itunes.apple.com/pe/book/cuatro-letras/id1319479631?mt=11&PAffiliateID=1001l32370&ign-mpt=uo%3D4

Espero que os animéis a leerla y dejéis vuestros comentarios, para dar algo más de luz a esta vuestra escritora, todavía en la sombra.

Saludos!!

Esther Chinarro

 

 

“Lección mortal”y “Nombres de mujer” en Onda Madrid

20170211_130645Música, Teatro, Solidaridad y Humor han acompañado esta mañana a #Lecciónmortal de Éride Ediciones  y a #Nombresdemujer de Ediciones Atlantis en el programa “Hoy en Madrid. Fin de semana” de ONDA MADRID.
Gracias a Curro Castillo Hervás y Francisco Javier Gonzalez Ogando por dejarme disfrutar de una divertida mañana de radio.
Hasta la próxima!!

Cocinando a fuego lento mi próxima novela…

CAPÍTULO PRIMERO

Cuando despertó, sus ojos tuvieron que adaptarse lentamente a la escasa luz para comprobar que nada de lo que había alrededor le resultaba familiar.

Un colchón del grosor propio del de una cuna de recién nacido soportaba con gran esfuerzo sus sesenta kilos de peso sin que pudiera impedir que los muelles del estrecho somier se clavaran en la espalda dejando una marca de símbolos ilegibles para cualquiera que no tuviera raíces asiáticas.

La pequeña ventana, cuyo cristal parecía haber sido atacado por varias piedras, permitía que la tenue luz alumbrara el espacio en el que se encontraba.

Lara estaba encerrada en una especie de caseta de madera vieja que, aparte de la deteriorada cama en la que permanecía tumbada y un cubo de fregona cuya función parecía ser la de permitir que realizara sus necesidades fisiológicas, sólo contenía un cortacésped.

El silencio del lugar era absoluto.

A pesar de que llevaba unos días de bibliotecaria sin escuchar apenas ruido durante la mayor parte del día, aquella ausencia de sonido dañaba sus oídos de la misma forma que los estridentes ritmos que escuchaban los universitarios en sus móviles, un segundo antes y un segundo después de acceder a la biblioteca en la que ella trabajaba.

Con gran esfuerzo intentó incorporarse aunque el cuerpo parecía no querer responder a las insistentes órdenes que enviaba su cerebro. No sabía cuánto tiempo había permanecido en ese incómodo catre. La sensación física era similar a la que sintió cuando un excesivo reposo tras una operación de rodilla dejó sus huesos y músculos tan entumecidos que cualquier movimiento suponía un dolor insoportable. Nunca había podido entender realmente los beneficios del deporte, cuando lo practicaba a diario siempre le visitaba alguna lesión más o menos dolorosa y cuando, gracias a la inactividad física recuperaba esa parte de su anatomía, el resto del cuerpo, dando claras muestras de compañerismo, la hacía sentirse la persona más torpe del mundo.

Quizá el miedo al dolor físico fue uno de los motivos que la llevó a abandonar su carrera de atleta y futura entrenadora nacional, para refugiarse en una biblioteca. Los libros no son tan crueles como el tartán de las pistas y si no cometes el error de dejar caer una edición ampliada de El Quijote sobre tus pies, no hay motivo para sufrir un dolor equiparable al que provocan los tacos de atletismo.

Sin embargo, dadas las circunstancias actuales de poco le había servido el cambio de profesión. Le dolía todo el cuerpo, su ropa estaba más sucia y maloliente que después de tres horas de entrenamiento y había perdido la fuerza y agilidad que la caracterizaban hacía tan sólo unos meses y que podían ayudarla a salir de allí.

El primer cambio de posición había tenido su oportunidad, según su reloj llevaba media hora sentada totalmente inmóvil y era el momento de levantarse e intentar buscar una salida. Aunque si la suerte la acompañaba y lograba salir de esa minúscula caseta, iba a tener muy difícil orientarse. Desde el momento en el que los dos encapuchados la habían metido en la parte trasera de la furgoneta y le inyectaron el somnífero, había estado inconsciente y no tenía la más remota idea de dónde estaba situado su nuevo hogar.

Intentó hacer un rápido repaso mental de las decenas de novelas negras que había leído en los últimos meses con el fin de demostrar que cada libro puede reflejar una realidad retocada y se animó pensando que si los personajes salían de problemas y situaciones peores de las que ahora la acompañaban, ella también era capaz de encontrar una solución.

Y lo consiguió, la solución tenía aspecto de cortacésped.

En este caso, la memoria de Lara no había encontrado nada en los  desenlaces de novelas de suspense, sino en una vivencia personal bastante desagradable.

En las vacaciones de verano a sus padres les gustaba jugar a tener un precioso chalet con un jardín que cuidar y una piscina donde refrescarse para soportar el caluroso agosto. Y cada día de cada nuevo verano se hacía más evidente por qué los jardineros, como cualquier profesional de mantenimiento, tenían más conocimientos de lo suyo que un dominguero con pantalón caqui y gorro de paja.

El día que su padre decidió desmontar el cortacésped de la casa que habían alquilado en la sierra norte de Madrid, para solucionar “ese horrible sonido a chatarra” Lara presintió que no iban a ser sus mejores vacaciones. Curiosamente, la visión de una de las cuchillas volando hacía el brazo de su hermano ya no la aterrorizaba, ahora le daba esperanzas para escapar.

Al sentir el escozor de los arañazos en la espalda tuvo una gran idea. Cogió uno de los alambres de su querido somier y, tras convertirlo en la llave Allen más bonita que jamás había visto, desmontó el cortacésped pudiendo adueñarse del primer arma que iba a usar como tal.

Lara estaba convencida de que con paciencia, cualidad a la que no le ganaba nadie, conseguiría rajar esa vieja puerta que la separaba del exterior y escaparía a gran velocidad como en sus tiempos de medallista, dispuesta a utilizar la cuchilla del bendito cortacésped con cualquiera que quisiera probarla.

Mientras frotaba con fuerza el filo de la cuchilla sobre la zona de la puerta que parecía de menor grosor, intentó recordar todo lo que había pasado ese último año.

Lo que había descubierto esa misma mañana tenía que estar relacionado con su secuestro. Aún así, no podía dejar de preguntarse cómo había llegado a esa situación.

Esther Chinarro

 

¡Dichosa borrachera literaria!

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¡Llegó el día!…¡Es muy temprano!

Sentada en uno de los bancos de El Retiro, ni la gran sombra del magnánimo roble evita el calor interno y externo que invade mi cuerpo y alma, en idéntica medida, durante esta dulce espera.

Excesiva incertidumbre, enorme felicidad…

¡Ya!…¡Es la hora!…

No termino de creer que la tradicional visita a la gran Feria del Libro de Madrid, en la que curiosidad y sana envidia se apoderaban de mí al observar a los escritores que firmaban sus libros; es hoy el sueño, hecho realidad, de disfrutar como otros lectores, quizá también escritores, se acercan a hojear mi libro, mientras una incansable sonrisa parece haberse instalado de forma definitiva en mi rostro. Sigue leyendo