“Siluetas”, nueva antología de relatos cortos

Bajo el nombre de “Siluetas” estoy trabajando en una nueva antología de relatos cortos. Pequeñas historias, curiosos sentimientos, realidades atrapadas en verdadera magia. Palabras que rozarán el alma del lector.

Aquí os dejo el primer relato de la nueva colección.

¡Espero que os gusten!

“Silueta en el mar”

La presunta ausencia de cordura impide discernir si los mínimos gestos, que en ocasiones deforman el que fue un bello rostro, reflejan algo más que una simple actividad cerebral adormecida.

Lejos quedan sus intensas y arriesgadas peripecias sobre el mar, olvidadas las descargas de adrenalina.

La conciencia, tranquila.

Hijo único, heredero de una gran fortuna administrada por un fiel secretario educado en trato y parco en emociones. Con tendencia sexual dudosa, indefinida. Sin pareja conocida, con cientos de amantes, hombres y mujeres desconocidos. Norma inquebrantable, evitar descendencia. La soledad permite ciertas libertades, nadie sale herido.

Excepto él mismo.

Cinco años después del accidente continua postrado en la misma silla de ruedas que se convirtió en inseparable compañera. El movimiento de las grandes ruedas negras, el destello de sus radios al atraer pequeños rayos de luz, son el único vestigio de su existencia, la única prueba de la presencia de un cuerpo inútil. Las lágrimas, los suspiros e incluso aquellos desesperados alaridos que anuncian con frecuencia su desequilibrio, se encargan de evidenciar su desolada alma.

Juego peligroso intentar dominar la fuerza del agua, decían algunos. Deporte de riesgo combatir contra el mar, decían los otros.

Magia, continuaba pensando él.

Cuando despertó no pudo explicar lo ocurrido, el cerebro se negaba a compartir con infelices incrédulos lo vivido e impedía que su boca pudiera contar, que sus dedos pudieran relatar. Aún sin pruebas visuales, sin pistas escritas, imposible olvidar el rostro de aquella criatura que surgió del agua. Poseía tal belleza que perdió el dominio de la situación al tiempo que admiraba la espectacular silueta que se mostraba ante sus ojos . Cinco escasos segundos de magia que pedurarían en su mente hasta el final de sus días. El palo de la vela giraba libre de un siempre seguro agarre y era empujado violentamente por el viento, el mismo que le había permitido llegar hasta allí. Un golpe seco en la nuca apagaba al instante tan hermosa imagen.

Y en la máxima oscuridad notó su cercana presencia. El tacto del mar se confundía con el roce de sus manos. En plena inconsciencia podía oler su salada piel. Apreciaba sus movimientos, sus esfuerzos por sacarle de las garras de las olas para dejarle sobre la madera que empujaría hasta la orilla, invisible a los ojos de los demás.

Todavía hoy piensa que era ella quien le arrastraba cada día de verano a adentrarse en el mar. Era su lejana silueta la que le atraía hasta rebasar los límites del control. Ella era la encargada de que su esperado fin estuviera rodeado de la más dulce visión. Pero no comprendía por qué, ignorando las leyes de la naturaleza, también fuera ella quien decidió dejarle con vida.

En el balcón de su residencia veraniega, la calma acompaña una eterna mirada que, durante las horas de luz, se pierde entre las azules aguas del imponente mar. Y como cada último día, de cada verano, a idéntica hora, su inmóvil mano se alza ágil en señal de saludo, al tiempo que esboza una tierna sonrisa. Solo ante él se muestra aquel precioso cuerpo medio delfín, medio mujer, que responde a tan halagosa expectación con un sinfín de piruetas. Las ensaya durante el invierno. Practica nuevas acrobacias durante meses para el único espectador que admira sus movimientos. Entre tantos que ensuciaron su figura con miradas de deseo, él había mostrado verdadero respeto. Sabiendose dueña y señora de su destino, decidió dejarle vivir.

El periodo estival es la razón de su existencia, ambos fingen ser felices. El admirador, admira; la admirada, disfruta ante tal admiración. Noventa y tres días de excepcional cordura o evidente locura siempre preceden a una repetida despedida que, carente de alma, anuncia, una vez más, la llegada de la supuesta realidad y la defunción de los más dulces sueños.

Esther Chinarro

 

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Cuando Nav encontró a Dad

-No has rellenado correctamente el formulario, lo siento. ¡Siguiente!

Nav dejó pasar al señor con bigote que llevaba toda la mañana suspirando a su espalda. Había esperado su turno varias horas y estaba agotada. Un precioso banco rojo parecía estar deseando que descansara sobre él.

-Si duplica la solicitud queda anulada la petición, lo siento. ¡Siguiente!

Dad siempre cometía el mismo error. Había llegado a las cinco de la mañana, cuando todavía eran muy pocos. Ahora la enorme fila doblaba la esquina de la gran manzana. La ansiedad le jugaba cada año una mala pasada y siempre dudaba si había entregado el impreso el último día del plazo de admisión. No estaba dispuesto a rendirse y lo seguiría intentando mientras se mantuviera en pie. Esperó un minuto antes de aproximarse al precioso banco rojo que sus posaderas deseaban rozar.

Nav y Dad se sentaron al mismo tiempo en el precioso banco rojo y sin notar la presencia ajena, cada uno de ellos observó como la enorme hilera humana de la que minutos antes habían formado parte iba avanzando. El rostro de los afortunados reflejaba la felicidad del que consigue sus deseos. Algunos salían con varios lingotes de oro, otros transportaban bolsas llenas de dinero, la mayoría desaparecía en despampanantes coches deportivos. No sentían envidia, los dos poseían todos esos bienes sin que ninguno de ellos hubiera evitado el intenso sentimiento de soledad que siempre les acompañaba. Llevaban años acudiendo el veinticinco de diciembre a la fábrica de deseos con un único objetivo. Sólo necesitaban alguien con quien hablar, alguien con quien reír, alguien en quien confiar. Alguien a quien amar.

Un inesperado temblor tambaleó el suelo sobre el que se apoyaba el precioso banco rojo. Nav y Dad abandonaron sus sueños para regresar a la realidad. Se miraron unos segundos. Supieron al instante que habían coincidido en tiempo y espacio para cumplir el común deseo de tener alguien con quien hablar, con quien reír, alguien en quien confiar. Ahora sabían que la verdadera fábrica de sueños era aquel precioso banco rojo que les había ofrecido la posibilidad de tener a alguien a quien amar el día de Navidad.

Esther Chinarro

 

 

 

¡Dichosa borrachera literaria!

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¡Llegó el día!…¡Es muy temprano!

Sentada en uno de los bancos de El Retiro, ni la gran sombra del magnánimo roble evita el calor interno y externo que invade mi cuerpo y alma, en idéntica medida, durante esta dulce espera.

Excesiva incertidumbre, enorme felicidad…

¡Ya!…¡Es la hora!…

No termino de creer que la tradicional visita a la gran Feria del Libro de Madrid, en la que curiosidad y sana envidia se apoderaban de mí al observar a los escritores que firmaban sus libros; es hoy el sueño, hecho realidad, de disfrutar como otros lectores, quizá también escritores, se acercan a hojear mi libro, mientras una incansable sonrisa parece haberse instalado de forma definitiva en mi rostro. Sigue leyendo

“Mis mujeres” en la Feria del libro (Madrid, 2016)

 

EVENTO FERIA MADRID PARA BLOG

 

¡La Feria del libro de Madrid! ¡Qué nervios!

Espero que Olvido se acuerde y no haga lo que Luna, que siempre aparece a última hora de la tarde.

Luz no me preocupa, suele salir de casa antes de que anochezca.

Esperanza está convencida de que todos los que disfruten de la tarde en el precioso Retiro madrileño van a pasar a conocerlas, y Dulce ya tiene previsto un temtempié, por si fallan las fuerzas.

Victoria lo tiene claro, vestido provocativo, nada de pantalones… Esta vez eclipsa hasta a su mejor amiga, Linda.

Importante que todas se queden hasta el final, para que Soledad siempre se sienta acompañada.

¡Va a ser un gran día!

“Nombres de mujer”, de Esther Chinarro

Feria del Libro de Madrid, Caseta 358 (Librería Salamanca)

Miércoles 8 de Junio de 2016, de 19h a21h

Esther Chinarro

 

 

 

Una realidad, cargada de magia y fantasía

Nombres de mujer_Cartel

Hace algo más de un año que la revista de mi localidad, “Sólo Boadilla”, me permitió compartir con mis vecinos el anuncio de lo que en ese momento era un simple boceto de “Nombres de mujer”.

Gracias a Ediciones Atlantis, la antología de relatos que comencé entonces, verá la luz el próximo 9 de Abril a las 12 horas, en la presentación que tendrá lugar en el Café Trocha (Huertas 55, Madrid).

Dicen los estudiosos de la verdad, que nuestros sueños son pensamientos cargados de magia y fantasía y en cualquier momento pueden hacerse realidad…

 

Esther Chinarro